Cada cierto tiempo, las redes sociales y los medios de comunicación aúpan un diseño de yate estrafalario hasta convertirlo en un barco viral. No suele haber criterio técnico en la elección, simplemente son conceptos que logran llamar la atención del público masivo. Sin ir más lejos, hace unas semanas varias publicaciones españolas presentaban como novedad el ‘The Streets of Monaco’, una embarcación imposible trazada hace una década. Mucho más reciente, apenas unos días, es la fama mundial que está adquiriendo uno de los bocetos del diseñador aficionado Steven Kozloff.

Si alguien viera la silueta de la creación de Kozloff surcando el mar a lo lejos, pensaría que es la réplica de un galeón clásico. Sin embargo, conforme se aproximara a la embarcación y comprobara las dimensiones, formas y servicios a bordo, se daría cuenta de que se trata de un super yate a vela tan descomunal como singular.

Con una eslora de 160 metros, cuatro mástiles de más de 100 metros de altura -con un aparejo que recuerda al del The Maltese Falcon– y ocho cubiertas, el ‘Galleon’ tiene la flexibilidad de ser configurado como un crucero para 200 pasajeros, una residencia privada con 20 apartamentos o el barco privado de un armador adinerado. En cualquiera de las tres opciones, una tripulación compuesta por 150 efectivos se encargará de cuidar hasta el mínimo detalle a bordo.

Más allá de las líneas del casco de acero y de la voluminosa superestructura de aluminio, llama la atención todo lo que el yate guarda en sus cubiertas e interiores para satisfacer a los pasajeros. Para empezar, en los cuatro garajes que ocupan la manga completa, encontramos media docena de lanchas rápidas, cuatro submarinos U-Boat Worx NEMO, una docena de semirrígidas y una veintena de embarcaciones de pequeña eslora. Kozloff ha ideado varias grúas para sacar todo ese arsenal de las entrañas del ‘Galleon’ al agua, incluida una capaz de cargar y descargar vehículos todoterreno de grandes dimensiones. Parte de la popa está reservada al helipuerto y a un hangar para 10 helicópteros.

Mención especial merecen las piscinas. Hay dos principales: una ubicada en la cubierta superior de popa -junto a un bar y un área de relax- y otra en un nivel más abajo; ambas piscinas están equipadas con una invención del diseñador californiano, una estructura que puede alzarse para convertir las dos zonas en pérgolas de techo rígido. Tampoco pasan desapercibidas las otras dos “piscinas de río lento conectadas por un tobogán”, dejando en ambos casos una isla en el centro. En el resto de áreas comunes al exterior hay espacio para parques, cafeterías y hasta un pub.

Si alguien a bordo no tiene suficiente entretenimiento con todo lo que ofrecen las cubiertas del ‘Galleon’, en su interior hay espacio para una cancha de baloncesto, una pista de tenis y cuatro frontones, además de los camarotes, salones, cocina, gimnasio y todo lo que se espera de un mega yate.

Poco más ha tenido que plasmar Steven Kozloff en su diseño para que éste se haya convertido en la última curiosidad náutica, una propuesta que ha tenido eco tanto en medios generalistas como en publicaciones especializadas de prestigio.

Si alguien quisiera llevar al agua este galeón futurista, debería desembolsar algo más de 700 millones de euros. Una cifra récord en la industria de las grandes esloras, pero no tan alejada de la realidad: se cree que Roman Abramovich ha pagado 500 millones por su último capricho flotante, de 140 metros de eslora. Sólo el tiempo -y el dinero- dirá si el ‘Galleon’ dejará de ser un mero super yate viral para cobrar vida en algún astillero.

FUENTE:expansion.com

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