Hipódromo de las Américas, adrenalina en los cascos

Durante los años cuarenta era común ver cruzar por el espacio aéreo mexicano a los escuadrones de aviones que tomaban parte en la Segunda Guerra Mundial. En el entonces Distrito Federal se apagan todas las luces y sonaba el particular ruido de las sirenas para avisar a la gente debía buscar refugio, de acuerdo a lo que recuerdan los adultos mayores que fueron testigos de aquella época y que aún viven entre nosotros para poder contarlo. A pesar que las batallas transcurrían del otro lado de Atlántico, no se sabía lo que podía acontecer, por lo que vivían en constante angustia y miedo. Sin embargo, en la capital mexicana había un lugar que para muchos de ellos se convirtió en un oasis entre el panorama aprensivo: el Hipódromo de Las Américas.

 

En ese sitio, podían disfrutar de la hípica, reunirse con sus amigos para comer, beber y apostar a los caballos, lo cual les permitía alejarse de la situación mundial, para disfrutar de la diversión y del entretenimiento. El lugar que fue inaugurado el 6 de marzo de 1943 y se convirtió en un ícono de la ciudad. Se edificó gracias a la apuesta del entonces presidente de nuestro país: Manuel Ávila Camacho (1940-1946), quien tuvo fe en el proyecto del italiano Bruno Pagliai.

Los historiadores establecen que Pagliai tuvo la iniciativa de construir un hipódromo en ciudad estadounidense Las Vegas, que desde 1901, tenía en operación el primer casino: el Golden Gate. Lo contemplaba como el complemento perfecto ese lugar, pero esa idea no encontró eco en los propietarios. Lo mismo le aconteció en California.

Vino a México, donde fue detenido, se dice que por haber entrado al país de forma ilegal. Eso no lo desanimó y continuó impulsando sus planes hasta que logró hacerlos llegar a manos del gobernador de Puebla, Maximino Ávila Camacho, amante de los caballos, quien más adelante los presentó a su hermano, el Presidente Manuel Ávila Camacho, quien además de su afición por la hípica, vio la oportunidad de aprovechar una concesión que había emitido, su predecesor como Jefe de Ejecutivo, Lázaro Cárdenas, para operar un hipódromo en la capital del país, pero este no había sido construido y entonces le otorgó la concesión al italiano.

 

El terreno, propiedad de la Secretaría de la Defensa Nacional, en Lomas de Sotelo, cuenta con 52 hectáreas, para la pista, las caballerizas, holding barn (área de espera para los caballos que participan), paddock (área donde los ejemplares quedan a la vista del público mientras son ensillados), vestidores para los jockeys. Restaurantes, tribunas, taquillas y estacionamiento. Bruno Pagliai tuvo como accionistas a Gustavo Zepeda Carranza, Carlos Gómez y Gómez, José Méndez Salazar, Ben Smith, John L. Sullivan.

Dada la guerra, en la Unión Americana existía una alta tasa de desempleo, en especial, en el sector de entretenimiento por lo que Bruno logró traer a especialista en cada área para operar desde el primer día de actividades. También consiguió que acá corrieran corceles consagrados, como el llamado Torch Betty, caballo que ganó la carrera inaugural, el 6 de mayo de 1943: o el primero en haber conquistado el Handicap de las Américas, realizado el 30 de mayo del mismo año, es decir, el popular Step Bay.

El llamado de trompeta para los competidores, seguido del grito: «¡Aaarrancaaan!» emitido por el sonido local, durante muchos años por el cronista Jorge Sonny Alarcón, el crujir de los cascos de los caballos, el alarido de sus jinetes, la emoción de los aficionados, se han hecho sentir desde entonces.

La pista es de las pocas en el mundo que conservan su estado original, con varias capas de tierra y arena natural que permiten el paso de los equinos a todo galope, bajo cualquier condición climática. El óvalo tiene siete furlongs de extensión, que equivalen, en números cerrados, a 1,400 metros, por 25 metros de ancho, lo que le da capacidad para realizar carreras hasta con 14 caballos.

 

Este año debido a la pandemia por el Covid-19 el Hipódromo de las Américas, no pudo celebrar su gran fiesta: el Handicap de Las Américas, que debía realizarse en mayo pasado, para su edición 77, sin embargo, el corazón del Coloso de Sotelo continúa palpitando ante las llegadas cardíacas de los caballos hasta la meta para obtener el galardón del mejor ejemplar Pura Sangre.

ADMINISTRACIÓN ACTUAL

Luego de cerrar sus puertas desde mediados de 1996 hasta noviembre del 99, el hipódromo fue concesionado al Grupo CIE, Corporación Interamericana de Entretenimiento, que lo opera desde entonces. Celebra carreras de viernes a domingo, donde se realizan unas 12 mil participaciones al año, entre los más de mil 300 caballos que viven de forma permanente en esas caballerizas.

El inmueble fue remodelado previo a su reapertura de 1999. El paddock, o ensilladera, es uno de los más hermosos del mundo, pues los aficionados pueden disfrutar de este protocolo de la ensillada desde los cinco niveles del anillo que lo conforman, además resulta imponente la escultura en bronce que luce la entrada del hipódromo y que honra al caballo, el actor principal del espectáculo. Grandes personalidades de México y del mundo han estado presentes en los acontecimientos que integran su historia.

 

CABALLOS ESTRELLA

Los caballos que toman parte en las carreras deben recibir un entrenamiento que consiste en calentamiento (1 vuelta a la pista a trote y otra a galope), luego el pulido de la técnica para correr bajo la dirección del jockey de la cuadra. Luego de este, realizar 40 minutos de caminata para recupere el ritmo cardiaco y la temperatura. Pueden ser llevado a la zona de alberca, misma que tiene una profundad de 3 y medio metros y cruzarla por espacio de cinco minutos o recibir un baño. Cabe señalar que, en la actualidad, la mayoría de los caballos utiliza un medidor de ritmo cardiaco, toda vez que sus pulsaciones no deben superar las 200 en entrenamiento o 230 en competencias.

JOCKEY, CON SIMULADOR

El jinete ideal para estos eventos, o jockey, reúne ciertas características, por ejemplo, debe contar con una estatura de entre 1.50 y 1.55 metros, tener un peso ligero (no más de 56 kilos), por lo que muchos cuentan con un nutriólogo. Realizan entrenamientos varias veces por semana. En la actualidad para aprovechar las ventajas de la tecnología, no practican sobre un caballo vivo, sino por medio de un simulador, el cual asemeja el cuerpo y el movimiento de un corcel. Este, cuenta con un sensor en lo que equivale a la punta de la nariz del animal mecánico, que envía la señal hacia la pantalla que el jinete tiene enfrente. Algunos surgen en el propio recinto y otros en las carreras parejeras de los pueblos y luego dan el salto a esta disciplina. Existen pocas mujeres en esta profesión, una de ellas es la poblana Elizabeth Garrido.

DATOS DE UTILIDAD

En circunstancias normales el hipódromo funciona todos los fines de semana, hasta diciembre. Actualmente, espera la fase de semáforo verde o amarillo de la “Nueva Normalidad” para reiniciar actividades.

Horarios:

Viernes:   14:00 a 20:00 p.m.

Sábado:   14:00 a 20:00 p.m.

Domingo: 13:00 a 19:00 p.m.

Precios de acceso:

Zona General    $10

Plateas              $30

Mezzanine         $20

 

Fuente: Periódico Esto

 

 

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